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Posts Tagged ‘tradiciones’

El próximo sábado 10 de marzo, una treintena de personas convocadas por la Asociación Cultural Sulabarda, recuperarán la tradición de los “guilandeiros” en Tineo, un evento lúdico-cultural que no se celebraba en el concejo desde finales de los años 40 del pasado siglo.
La tradición de pedir el aguinaldo en la temporada invernal por las casas y los lugares públicos se remonta a épocas inmemoriales. En Tineo, a las personas que salían a pedir el aguinaldo se les conocía como “los guilandeiros”, y componían una comparsa con una gran variedad de personajes: la dama y el galán, la gitana, el ciego, el cura, el médico, el limpiabotas, el oso, los “xamasqueiros” (adornados con esquilas y ramas de árbol), el sastre, el diablo y los negritos… Además de acompañarse de músicos y hacer ruido, debían escenificar bien sus papeles para conseguir el deseado aguinaldo.
Es lo que harán el citado sábado 10 de marzo, a las 11.30 horas, en la plaza del ayuntamiento de Tineo, una treintena de personas acompañadas por una orquestina de música tradicional que interpretará los sones y melodías típicas del evento. Tras actuar en la céntrica plaza de la villa, la comitiva realizará un recorrido establecido por varios pueblos del concejo: Zarracín, Santa Eulalia, El Pedregal, La Pereda y El Crucero, para bajar hasta Tuña y Puentecastro.
Esta representación es parte de las actividades desarrolladas por la Asociación Cultural Sulabarda para recuperar el patrimonio cultural y social del concejo.

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Concha debió de abandonar esta vida satisfecha. Su pueblo y su gente supieron reconocer en vida su trabajo y dedicación a la música y las tradiciones más cercanas y su empeño y entusiasmo en que aquellas no se perdiesen. El aula de música tradicional de la villa lleva su nombre y el día de la inauguración se reconoció públicamente la valía y personalidad de Concha. Allá donde esté seguro que su pandero y su voz siguen sonando

Concepción Rodríguez, vecina del pueblo Trasmonte d’Arriba y conocida por todos como Concha Trasmonte, ha sido y seguirá siendo el referente del folclore asturiano.
Aprendió a tocar el pandeiro de niña de la mano de su madre Faustina y a los toques del pandeiro unió su singular voz. Voz que según los expertos en música tradicional tiene unos registros, unas cadencias y adornos naturales inimitables y que emocionan a todo el que la escucha.
Durante toda su vida Concha Trasmonte recogió la cultura de forma oral y se encargó de transmitirla de la misma manera a todo aquel interesado en la materia. La profesora de música tradicional del aula Concha Trasmonte, Maribel López, reconoce en Concha una gran trasmisora de la cultura canguesa, “No le importaba recibir en su casa a cualquier persona y transmitirle sus conocimientos. Todos en Asturias hemos aprendido mucho de ella”.
El ayuntamiento y especialmente el aula de música tradicional lamentan la pérdida irreparable de una persona que será irrepetible y que consiguió transmitir y mantener vivos los cantares y ritmos tradicionales, especialmente los sones d’arriba y jotas.

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Ambientación, artesanos, noche celta y filandón para el fin de semana

El X Mercado Tradicional de Posada de Rengos que se celebra este fin de semana alcanza su décima edición aumentando su éxito de año en año. Hoy al mediodía se dará el pistoletazo de salida con la apertura de una treintena de artesanos de bisutería, cuero, madera, juguetes tradicionales, piedras pintadas, quesos o miel.
Durante todo el día de hoy y mañana, domingo, turnan una tras otras las actuaciones de “Vuelta y media teatro”, “Colectivo Piromante”, la banda de gaitas “Zarréu”, festival de tonada asturiana (que ha rota todas las previsiones en cuanto a participantes) o la Banda de Acordeones de Bembibre. Las continuas actuaciones de malabares de fuego, o personajes típicos logran una plena ambientación y logran que los asistentes encuentren siempre entrenamiento y acción actuaciones de ambientación. Destaca la actuación del sábado por la noche, a partir de las 21 horas, una velada celta con la actuación de un grupo puntero como es “Brandal”.
Un año más, la plaza de la iglesia de la localidad de Posada de Rengos se convierte en la gran protagonista, ambientada de tal forma que se recrea de manera fidedigna un mercado tradicional. La organización ha montado un bar con cubierta vegetal donde se cocina directamente una gran parrillada.

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Cangas plantó su arbolón

El árbol, de 24 metros y unos 800 kilos, llegó a la villa a hombros de los mozos
Fue izado a mano en Ambasaguas entre tejados y callejuelas

Cangas cumplió con la tradición un año más. Cuando apenas pasaba una hora y media del día del señor San Pedro, un humeiro de 24 metros y unos ochocientos kilos de peso era izado a mano en Ambasaguas frente a la ermita del Virgen del Carmen.
Todo empezó a las ocho de la tarde cuando un grupo de unos cincuenta mozos iniciaban el camino en busca del arbolón. Ya estaba ojeado. Este año se echó abajo junto al Paseo del Vino, junto al Luiña, poco más allá del barrio de San Tiso. Con el cuidado que requiere el hecho de que la copa debe de llegar intacta se inició la difícil maniobra de sacar el árbol por el estrecho camino y, sobre todo, de girar en Santiso librando todo tipo de obstáculos. La pericia se hizo notar. Salvado el primero, los mozos iniciaron el camino hacia el centro de la villa, disparando voladores, dando vivas al arbolón, al vino, a la quilica y a María L´Aire, mujer que rescató la tradición en el pasado siglo cuando estaba a punto de perderse.

Escoltados por un gaitero, la profana procesión inició sus paradas por cuantos bares se cruzaban en su camino. Como los mozos no debían de sentir mucho peso subieron al gaitero en el árbol y así cruzaron la Calle Mayor camino de la Plaza Conde de Toreno. Desde aquí se inicia el trayecto más complicado bajando por la e Cangas plantó su arbolón El árbol, de 24 metros y unos 800 kilos, llegó a la villa a hombros de los mozos Fue izado a mano en Ambasaguas entre tejados y callejuelas Cangas cumplió con la tradición un año más. Cuando apenas pasaba una hora y media del día del señor San Pedro, un humeiro de 24 metros y unos ochocientos kilos de peso era izado a mano en Ambasaguas frente a la ermita del Virgen del Carmen. Todo empezó a las ocho de la tarde cuando un grupo de unos cincuenta mozos iniciaban el camino en busca del arbolón. Ya estaba ojeado. Este año se echó abajo junto al Paseo del Vino, junto al Luiña, poco más allá del barrio de San Tiso. Con el cuidado que requiere el hecho de que la copa debe de llegar intacta se inició la difícil maniobra de sacar el árbol por el estrecho camino y, sobre todo, de girar en Santiso librando todo tipo de obstáculos. La pericia se hizo notar. Salvado el primero, los mozos iniciaron el camino hacia el centro de la villa, disparando voladores, dando vivas al arbolón, al vino, a la quilica y a María L´Aire, mujer que rescató la tradición en el pasado siglo cuando estaba a punto de perderse. Escoltados por un gaitero, la profana procesión inició sus paradas por cuantos bares se cruzaban en su camino. Como los mozos no debían de sentir mucho peso subieron al gaitero en el árbol y así cruzaron la Calle Mayor camino de la Plaza Conde de Toreno. Desde aquí se inicia el trayecto más complicado bajando por la estrecha Calle de Arrastraculos cuyo nombre ya la define, atravesando el viejo puente bajo el que se unen el Narcea y el Luiña hasta llegar frente a la ermita. Bajo la atenta mirada de cientos de personas, a fuerza, entre tejados y callejuelas, el árbol se clava en tierra y su copa se alza sobre el campanín. Un joven cangués trepó por el mismo colocando junto a aquella una corona de flores. La tradición se había cumplido un año más: el árbol fue robado, traslado a hombros, llegó con la copa intacta y sobrevoló la espadaña de la ermita. strecha Calle de Arrastraculos cuyo nombre ya la define, atravesando el viejo puente bajo el que se unen el Narcea y el Luiña hasta llegar frente a la ermita. Bajo la atenta mirada de cientos de personas, a fuerza, entre tejados y callejuelas, el árbol se clava en tierra y su copa se alza sobre el campanín. Un joven cangués trepó por el mismo colocando junto a aquella una corona de flores.

La tradición se había cumplido un año más: el árbol fue robado, traslado a hombros, llegó con la copa intacta y sobrevoló la espadaña de la ermita.

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